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Revista Brando, 24 de mayo de 2015
EL ROL DE LOS ASESORES EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN
Los cerebros ocultos del Congreso Son los legisladores en las sombras, Redactan leyes, estudian proyectos, les dan letra a sus jefes, discuten por lo bajo, cambian de partido, pero nunca ponen ni exponen su nombre. Son los asesores de los diputados y senadores nacionales, que hacen a un lado su propia ideología en favor de una convicción: la política como trabajo.
Es viernes a las cinco de la tarde y Andrés Tow (42) está solo en el despacho del senador de Misiones del Frente para la Victoria, Juan Manuel Irrazábal. Su oficina queda en un entrepiso ganado a los techos altos del palacio del Congreso. El alfombrado es bordó, los muebles de una madera oscura. El sonido de las sirenas de las ambulancias se escucha tan fuerte que es como si estuvieran corriendo carreras encima de su escritorio. Suena el teléfono. Es la secretaria de Irrazábal. Le pide que por favor se comunique con el servicio de automotores del Senado para preguntar por qué aún no llegó el auto, que el senador teme perder el avión. Tow llama y le dicen que está en camino. Lo comunica. Cinco minutos después, el teléfono vuelve a sonar. Tow insiste. Le dicen que el auto está a quince cuadras. "Me juró y perjuró que sí, que tendría que estar llegando... Sí, que estaba yendo para allá y que lo iba a llamar al celular a ver por qué no había llegado... Sí, sí, ya se lo dije, ahora le vuelvo a avisar". Tow corta y tocan el timbre: un chico con síndrome de Down trae la correspondencia; el Senado es uno de los pocos organismos del Estado cuyo personal con discapacidad supera el cuatro por ciento del personal, como lo establece la Ley N° 25.689. Tow cierra la puerta y suena el teléfono otra vez. Sube corriendo los escalones de a dos. Ahora la secretaria le pide que por favor avise a la aerolínea que está viajando el senador y que le preparen el salón vip. Tow llama a la aerolínea y nuevamente a la secretaria para avisarle que está todo listo. Corta y lo llaman para decirle que el auto llegó a destino. "Me acaban de avisar que el auto está abajo". La secretaria le dice que el senador, por temor a perder el avión, se tomó un taxi. Tow corta, mira la hora, se sobresalta y agarra unas planillas. Sale del Congreso y cruza la plaza hacia la Dirección de Personal. Si en cinco minutos no entrega las asistencias, él y sus compañeros pierden el presentismo. De lunes a viernes, Tow cruza la Plaza de los Dos Congresos para llevar las asistencias.

Tow empezó a trabajar en el Congreso ad honorem en vísperas de la Reforma Constitucional de 1994 cuando terminó la carrera de Ciencias Políticas. Hacía trabajo de archivo, leía los diarios y atendía los teléfonos. La diputada para la que trabajaba en ese momento ( María Cristina Guzmán, del Movimiento Popular Jujeño) lo nombró y en 1997 le salió el cargo para ingresar en la planta permanente de la Cámara. Desde entonces, Tow pertenece al grupo de trabajadores que ve llegar y partir legisladores y asesores como si estuviera viendo un partido de ping-pong desde la tribuna vip.

Durante la crisis 2001-2002, Tow trabajaba para la Comisión Especial Investigadora sobre Fuga de Divisas. Aprovechó sus horas sentado frente a la computadora sin mucho que hacer y sistematizó la melancolía en un sitio al que llamó "Atlas Electoral de Andy Tow" ( andy.towsa.com ), un blog de estadísticas de política partidaria en la que se puede ver cómo los partidos van formando alianzas y cambiando de bando en relación a lo que ellos creen que busca el electorado.

-¿Qué papel juega la ideología cuando se trabaja en el Congreso?

-Yo soy politólogo y personal de la Cámara. Tengo una posición política y podría ponerme en una actitud más partidaria, pero para mí un personal técnico tiene que tener la capacidad de hacer a un lado sus convicciones y servir al proyecto político de su senador en la medida en que eso no te genere un conflicto moral o un rechazo muy fuerte. Además, uno no sabe qué va a pasar en el futuro. El legislador termina su mandato y uno queda. Tener convicciones muy firmes es casi un lujo. Tampoco te exigen que te pongas la camiseta y que cantes la marcha, sino que hagas tu trabajo. No tiene mucho sentido ponerse en fanático cuando no te lo están pidiendo.

-¿En las negociaciones priman las pasiones o la razón?

-Si uno quiere que las ideas de uno avancen, tiene que tener una buena relación con el legislador, pelear y discutir e ir a las reuniones, conocer los temas, tener las variables, mostrar que se sabe. Es importante la capacidad de oratoria, la argumentación y tener la mente abierta para aprender cosas que uno no conoce. Después, lo que pasa en el recinto es una puesta en escena de las posiciones previamente asumidas. Es raro que dentro del recinto haya una deliberación genuina como ocurre en las comisiones, sobre todo cuando no hay presencia de los medios o los temas no están muy politizados.

-¿Cómo fue trabajar en el Congreso durante 2001?

-No había mucho que hacer, no tenía tareas. Se podía poner complicado si los ahorristas te confundían con un legislador. Yo me sentía muy defraudado, no tanto por el sistema político sino por el sistema en general. Había una incertidumbre muy grande.

-¿Y cómo es actualmente?

-Ya no recibo el mismo nivel de hostilidad y mala percepción sobre lo que hago. No tengo problema en decir dónde trabajo. ***

Hoy es un día especial para los que trabajan en el edificio donde están las oficinas del bloque de la Unión Peronista, cuyo máximo referente es Felipe Solá: es el primer día con Wi-Fi. Hasta hace seis meses, Carlos Mansilla (42) y Martín Yáñez (37) trabajaban en las oficinas de un edificio cuya entrada parecían las ruinas de un edificio: paredes descascaradas, pisos que no se baldeaban hacía meses. Pero este verano llegó el Plan Rector de Intervenciones Edilicias ( PRIE ) para poner en valor los edificios de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, es decir, los anexos, el palacio y las oficinas que alquila el Congreso. Si bien en la mesa de entrada sigue olvidado el mismo hombre cuya mirada alterna entre el diario, las actas de visita y los autos que pasan por Riobamba, las paredes al menos están pintadas.

Mansilla y Yáñez son abogados tandilenses y asesores del diputado de la Unión Peronista por la provincia de Buenos Aires, Roberto Mouillerón. Ambos forman parte de la planta transitoria, es decir, del personal que llega al Congreso de la mano de un legislador, goza de los beneficios de los de planta permanente, como obra social, jubilación y paritarias, pero lo más probable es que en cuatro años finalice su mandato.

El despacho del bloque es un departamento de tres ambientes. En el living hay dos escritorios de madera oscura en el que trabajan dos asesores con la tele clavada en las noticias, rodeados por cuadros de Florencio Molina Campos, el artista que más rankea en los despachos de los legisladores. Mansilla y Yáñez trabajan en la oficina del fondo que no tiene nada más que un escritorio, una computadora y un sillón. No hay ninguna marca personal, parece un lugar de paso, un no-lugar.

Mansilla fue Concejal de Tandil y un activo conductor del movimiento cooperativo nacional. Los lunes al mediodía sale de Tandil junto con su diputado y en cuatro horas llegan a Buenos Aires. Arrancan el martes temprano, a la tarde se preparan para la sesión del miércoles, el jueves a la mañana hacen un repaso y el jueves al mediodía ya están volviendo. Dice: "Llego a Tandil con mis cosas y las dejo en la punta de la mesa, lo único que hago es cambiar el bolso. A veces me despierto y no sé dónde estoy".

Las cuestiones en las que un asesor se puede ocupar en una semana son: "Países asiáticos", "Embajador de Azerbaiyán", "Medidas de obligatoriedad para el uso del casco".

-¿Cuáles son las diferencias entre trabajar en el Congreso y en el Consejo de Tandil?

-Carlos Mansilla: Es igual... Perdón, es peor. Porque en Tandil si no vas a trabajar la gente se da cuenta. Acá podés pasar cuatro años sin hacer nada. Nadie te controla. Entre los empleados de planta, los que atienden el teléfono, los que limpian, los asesores que entran y se van con el diputado, los contratados por temas especiales. todos sumamos diez mil personas. ¡Si venimos a trabajar todos los días no entramos!

-¿Cómo es trabajar en política hoy?

-¿Cuán importante es la ideología?

-CM: Una vez tuvimos una discusión muy linda sobre cuál era el rol de los asesores, si éramos técnicos o hacíamos política. Si esto es todo técnico, ¿dónde se hace política en la Argentina?

-¿Por qué se dedican a la política?

-Martín Yáñez: Lo más lindo para mí es participar en la redacción de la ley, cuando se logra consensuar y eso llega a los diputados, después al Senado y se convierte en ley. Quizás es una estupidez, pero cuando ves que ahí donde dice observar, eso lo escribiste vos...

-CM:Hay una cuestión terrible que tiene que ver con los celos y las autorías. Acá son todos caciques. Si a mí se me ocurre una buena idea y hago un buen proyecto y convenzo, puede ser que avance un poco, pero si no soy del palo de la mayoría, para no darme prensa a mí, quizá me lo bloquean uno o dos años hasta que yo me vaya y después quizá lo presente alguien del oficialismo. Ahí te das cuenta de que la verdad no es exactamente jurídica. Dicen: "Es bueno, pero por motivos políticos no lo podemos aprobar".

-MY: La vanidad es lo primero.

-CM: Es frustrante... Pero, el poder. el poder es hermoso. Pensemos en las pasiones: El amor... todos nos podemos enamorar. ¡Ah... no hay nada más lindo que salir con una chica radical!

-MY: Quedan pocos radicales.

-CM: Es cierto, quedan pocas chicas radicales. Pero el poder es algo a lo que pocos pueden acceder y es difícil tenerlo. Cuando tenés poder no querés dejarlo. Si nunca lo tuviste, de última es una pasión que no viviste, pero la abstinencia de poder es brava. El último año te querés quedar. A veces nos decimos: "¿No estaremos desperdiciando esta oportunidad?" Es un trabajo buenísimo este.

-¿Por qué?

-CM: Porque se paga bien y se trabaja poco.

-¿Deberían cobrar menos?

-CM: No, no; más.

-¿Más de lo que cobran? (Los legisladores cobran, según el último aumento de enero, 36.382 pesos; y los asesores de primer rango, aproximadamente la mitad.)

-CM: Claro, sí.

-¿Por qué?

-CM:Porque estamos haciendo patria. ¡Paremos este reportaje! Yáñez y Mansilla ríen a carcajadas. De la otra oficina se escuchan tijeretazos: uno de las asesores le está emparejando las patillas a Felipé Solá.

En las reuniones de comisión, los diputados toman café en vasitos de plástico mientras una persona pasa el micrófono cuando alguien pide la palabra. A veces, las salas están llenas, otras no. En general se interrumpen, pero el clima es distendido; al fin y al cabo, son compañeros de trabajo. Los asesores se sientan en unas sillas contra la pared rodeando a los diputados, les mandan mensajes de texto o les dicen algo al oído. Pero no pueden tomar la palabra, salvo que los habiliten. Algunos asesores parecen un calco de sus diputados, por lo prolijos o desalineados; otros tienen su propio estilo. Están los que se ponen traje solo para ir a la reunión de comisión, los que se la pasan anotando, los que con escuchar les basta, los que bostezan. El Congreso es tiempo y muchos "disculpeme, señor presidente".

Nalá Godoy es chaqueño, abogado y asesor contratado del diputado por la UCR Pablo Orsolini. Llega a la reunión de comisión de diputados con una bolsita de una marca de ropa de chicos en la mano, un regalo para su sobrino, saluda con la mano a Mansilla y a Yáñez que están en la otra punta. Se queda escuchando la sesión apoyado contra una columna. Subiendo la escalera, camino a la oficina de su legislador, dice: "Personalmente yo no soy de ningún partido, pero trabajo con un diputado del bloque de la UCR. Me gusta la cuestión de los debates, son muy enriquecedores; me interesa todo lo que tiene que ver con tender a lograr el consenso, lo que hay detrás de una decisión o de un anuncio. Me gusta tener la posibilidad de vivir todo esto, de participar en debates de una legislación que pueda tener trascendencia en el tiempo para los trabajadores. Esto, para mí, es una experiencia. Mi idea no es quedarme acá dentro, mis ingresos provienen de otro lado, ad honorem lo hubiese hecho igual".

En las paredes del despacho de Orsolini hay un mapa de la provincia del Chaco, fotos del campo y de todo lo que la naturaleza puede dar, como maíz, soja, vacas. Acaba de volver de la reunión de la Comisión de Trabajo en la que se discutió sobre "la modificación del código penal para quienes hacen trabajar a los niños". Está tomando mate desplomado en su butaca con aire de frustración. Mira fijo el techo como si quisiera que se transformara en cielo. El poder te puede llevar a limitar el horizonte entre cuatro paredes. El poder, a veces, también puede ser una casualidad. Una de sus secretarias se asoma a la ventana, corre la cortina y mira hacia el palacio del Congreso: "Hoy no hay palomas, estará por llover".

La planta baja del Anexo de Diputados está tomada por escombros y obreros. El comedor, que estaba en el quinto piso separando las oficinas de los asesores y las salas de comisiones con los despachos de diputados, va a estar en la planta baja como corresponde según las normas de habilitación. "Llegamos y el edificio estaba pintado, te hace sentir mejor", dice Alejandra Svetaz, Jefa de Despacho de la diputada del PRO, Paula Bertol . Svetaz es una histórica: empezó a trabajar como asesora en el Congreso con la restitución de la democracia en 1983 para el diputado Ricardo Terrile (UCR), que era abogado en el estudio de su padre en Rosario y le ofreció acompañarlo al Congreso. "No había lugar para los diputados en el 83. Cuando llegamos, el Anexo no existía (fue inaugurado en 1984). Había edificios a mitad de cuadra y con el diputado nos hicimos un huequito en una comisión en la que era secretario. Muchos de los legisladores nuevos habían tenido militancia partidaria y habían pasado una etapa complicada, eran todos buenos oradores, con formación política, pero no tenían experiencia parlamentaria. Nadie sabía cómo funcionaba esto y tardamos muchas semanas en encontrar el reglamento de la cámara. También seguía habiendo desconfianza. Durante los primeros años siempre hubo un poco de temor, en el que cada uno tenía sus precauciones. La gente empezó a aprender y así fue", cuenta.

-¿Cómo hizo para permanecer acá?

-Siempre fui asesora de comisiones para diputados. Me veían los otros diputados y me llamaban. Así fue mi primer pase. Después yo esperaba y veía quiénes eran los que estaban en la mejor posición para ganar las elecciones y, cuando eran electos, les pedía una entrevista. Lo ideal para un diputado nuevo es conseguirse una secretaria de un diputado saliente, porque hay que aprenderse todo el funcionamiento. Uno entra acá con el tiempo de ida marcado y no tiene que agarrarle la desesperación por querer quedarse.

-¿Cuál es la diferencia entre los diputados y los asesores?

-El diputado tiene un gran manejo de la comunicación y exposición que los asesores no tenemos. Es algo innato y fantástico. Por otro lado, por más que hayas estudiado un proyecto a fondo, ellos se dan cuenta siempre por dónde no podría funcionar.

-¿Considerás que le falta reconocimiento al trabajo de los asesores?

- El asesor es un escritor en las sombras y el trabajo está recompensado en la imagen del legislador. No es lo mismo ser el asesor de una o de otra persona.

-¿Existe realmente el consenso en un Congreso?

-Hay que entender que esta es una casa de 257 personas en las que están representadas todas las provincias. ¿Cuánto tiempo lleva acordar algo? A lo mejor, décadas. Y a lo mejor, dos segundos.

Suena el teléfono. Alejandra atiende: "Bloque".

Por Julieta Mortati ( @julietamortati )
Nota LegislarBien:
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